Notas sobre las ciudades caóticas

Reflexionar y viajar son dos actividades que jamás están separadas en mí. Cuando viajo, abro mis ojos y mi mente, intento explorar y entender. En una ciudad veo más allá del caos o el orden, trato de entender qué hay detrás de todo eso.

Las ciudades caóticas tienen algo encantador. En el caos veo libertad, aun en las sociedades donde la libertad no abunda como parece ser en Vietnam. En la ruptura de la norma surge un acto libre, un vestigio de individualidad. Al romper las reglas el individuo es libre, actúa por fuera del Estado, toma la decisión de no seguir el statuo quo. Es una decisión individual, un gesto de humanidad.

control hanoi

Ser occidental no me priva de ojos críticos: sé que en los turistas hay una mirada eurocentrista u occidentalista sobre Oriente. Esa forma de ver las cosas nos priva de entender las culturas milenarias del otro lado del meridiano. Pero quiero romper con eso. Soy occidental pero nací en el caos de un país a medias ordenado y a medias desordenado. Y en Occidente hay caos también. Poder apreciarlo está al alcance de todos, pero no todos pueden o quieren verlo de esta forma.

El caos me encanta, el orden me aburre. En las sociedades supuestamente civilizadas el individuo vive una falsa idea de libertad. Cree tener lo que quiere cuando es bombardeado todo el día con publicidades acerca de un estilo de vida que no puede tener. En el orden no hay emoción, hay represión de lo humano.

Las sociedades caóticas funcionan a su forma porque en el caos hay vida, hay gente tomando decisiones y rompiendo reglas. También hay reglas que no se deben quebrantar jamás, como por ejemplo hablar de política en Vietnam. Pero la gente vive a su modo con lo que tiene y con lo que puede. Y creo que así es feliz.

Comienzo a entender que el orden occidental es un concepto irracional por estos lados. Y está bien, ¿quien quiere ser occidental en oriente? No tiene sentido cruzar el mundo para seguir siendo como en casa. No hay descubrimiento en lo cotidiano, no hay nada nuevo en lo familiar, no hay diversión en el orden.

caos en ho chi minh city

Las ciudades muy prolijas, muy ordenaditas, a mí no me van. Me gusta el movimiento. No significa que no pueda disfrutar un paisaje urbano nórdico, por ejemplo, pero me apasiona más un lugar con ruido, con gente, con cosas sucediendo a cada momento. Será que crecí en una Buenos Aires bulliciosa y no puedo adaptarme, no sé.

Y en Asia todo parece ser así, todo va “a los tumbos” pero va. La gente charla en las calles, come en las calles, trabaja en las calles y vuelva a casa caminando por las mismas calles. O en moto, al paso ruidoso de su motor, entre la marea de ruedas que arrollan el asfalto.

Escribí esto en mi celular el 8 de mayo de 2014, cuando iba de excursión a Ha Long Bay, en Vietnam. 

 

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