Raíces

Todos venimos de algún lugar, todos tenemos raíces. A veces, lo que nos une es la sangre, otras veces es el suelo donde nacimos o nos criamos. Yo soy argentina –bien argentina aunque no como carne y no tomo mate-, pero mis raíces vienen de España. Más precisamente, de Galicia.

Como muchos, muchísimos argentinos, mis antepasados vinieron en barco desde el Viejo Continente, escapando del hambre, las guerras, los genocidios, las persecuciones políticas, la muerte. El Nuevo Continente ofrecía la promesa de una vida mejor, de un lugar donde podrían cumplir sus sueños.

Quien haya estudiado un poco de historia latinoamericana, sabrá que muchos de nuestros países han recibido grandes flujos migratorios europeos (sobre todo, Argentina, Chile y Uruguay). No muchos argentinos pueden decir: “yo tengo orígenes nativos”. La mayoría somos segunda, tercera, cuarta, quinta generación de argentinos descendientes de españoles, italianos, franceses, alemanes, portugueses, entre otros. Generalmente, los ciudadanos de los países más pobres de Europa eran los más afectados por las guerras, el fascismo o la miseria. Su destino les mostró una vía de escape: la prometedora América Latina.

No puedo dejar de pensar en mi abuela, oriunda de un pueblito llamado Padrenda, que hoy no supera los 2 mil habitantes, ubicado en Orense, Galicia. Ella nació en 1929, un mal año para nacer. Hija menor de cinco hermanos, hija de un tenedor de libros (hoy en día se diría “contador”) y una ama de casa. Mi abuela vivió la Guerra Civil española justo al comienzo de la edad escolar. No pudo ir más a la escuela, además porque el cura del pueblo les decía a las mujeres : “con sólo saber leer la Biblia les basta”. Mi abuela, durante toda su vida, sintió vergüenza por no saber leer y escribir a la perfección.

Celia partió de su querida España el 12 de julio de 1946 para nunca más volver. Tenía 17 años y varias tristezas encima. Siempre voy a recordar la amargura en su mirada cuando recordaba su tierra, su infancia, su partida. No quiso regresar. No la culpo.

Hace 6 años que mi abuela ya no está con nosotros. De sus 77 años de vida, pasó los últimos 60 en Argentina. Aquí se casó, formó una familia y poco a poco empezó a ser más nuestra que española. Muchas costumbres habrá dejado en España. De grande comprendí las manías de una persona que pasó por guerras, hambre y una eterna dictadura (el Franquismo). No lo sabía de chica, y creo que cuando comencé a comprenderlo no tuve tiempo de decírselo.

Este relato me trae al presente. Este año, finalmente, pude visitar el país de mi abuela. El viaje que ella hizo en barco, yo lo hice en avión y a la inversa. Lo mío no fue “para siempre”, fue solamente un viaje que ya contaré.

Algún día iré a visitar Padrenda, como le prometí a ella y a mí. Son las raíces, más de sangre que de nacionalidad, que me unirán por siempre a mi abuela.

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  2Comentarios

  1. alicia cristina rodriguez perez   •  

    Bello relato de una istoria conocida. no pude parar de llorar al leerla, por el recuerdo de esa abuela, que era mi madre, y por el orgullo que siento de que seas mi hija.
    una reverencia ante lo simple, claro y a la vez tierno del texto, y un afectuoso beso virtual en tu frente, a modo de agradecimiento: a Dios por tu existencia y a vos por el recuerdo. mamá

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